Tu próximo activo digital quizá ya existe

Antes de construir algo nuevo, mira lo que ya has construido.

Hay un momento en el desarrollo de un negocio digital en el que es muy fácil entrar en una rueda.

Aún no has terminado una cosa y ya estás pensando en la siguiente:

  • Cuando tienes la web, piensas en los contenidos.
  • Cuando tienes los contenidos, piensas en cómo captar contactos.
  • Cuando tienes una audiencia, piensas en un producto.
  • Cuando tienes un producto, piensas en una nueva oferta.
  • Y cuando parece que ya tienes cosas suficientes, aparece una nueva idea que parece aún más importante que todas las anteriores.

Siempre hay algo más que podrías construir.

Y esto puede hacer que, después de años de trabajo, todavía tengas la sensación de que vas tarde.

Que te falta alguna pieza.

Que deberías estar haciendo más.

Que aún no has terminado de construir el negocio que imaginabas.

Pero…

¿Y si antes de pensar qué deberías construir de cero, miraras lo que ya tienes?

Tal vez no te falten cosas


Cuando llevas años desarrollando una actividad profesional, no sólo acumulas cosas visibles.

Acumulas experiencia, aprendes a resolver problemas, desarrollas criterio propio, encuentras maneras de hacer que funcionan, detectas patrones, te equivocas y aprendes…

Repites determinados procesos hasta que acaban formando parte de tu forma de trabajar.

Y, poco a poco, todo esto va dejando rastro.

Algunas cosas terminan convertidas en recursos que otras personas pueden utilizar.

Otros se transforman en servicios, productos o contenidos.

Y muchas siguen existiendo sobre todo en tu experiencia.

Por eso, cuando miras lo que tienes construido, es fácil quedarte sólo con lo que puedes señalar.

Pero una parte importante del valor que has acumulado no tiene una forma tan evidente.

No todo lo que tiene valor dentro de tu negocio tiene ya forma de activo.

Quizás tienes una manera de trabajar que has perfeccionado durante años pero que nunca has puesto por escrito.

Tal vez hayas resuelto tantas veces un mismo problema que ya tienes una metodología propia, aunque nunca le hayas puesto nombre.

Seguramente tienes una enorme cantidad de aprendizajes repartidos entre conversaciones, proyectos, documentos y experiencias.

Y quizás alguna de estas cosas contiene lo que necesitas para construir tu próximo activo.

No necesariamente una nueva idea.

Podría ser algo que ya existe, pero todavía no has sabido ver como tal.

Cuando las cosas crecen sin una visión de conjunto


El problema es que este proceso de acumulación no suele ser lineal. No construyes primero una cosa, después otra y después otra porque alguien te ha entregado un plano perfecto.

Normalmente vas tomando decisiones: resuelves el problema que tienes hoy, mañana aparece otro, pruebas una herramienta, cambias una oferta, añades otra, descubres una nueva manera de explicar lo que haces, añades algo, dejas dos…

Y, con los años, terminas con muchas piezas que tienen sentido individualmente, pero que no necesariamente tienen una relación clara entre sí.

Esto es lo que puede generar esa sensación tan extraña:

“Tengo muchas cosas, pero no sé muy bien lo que estoy construyendo.”

No significa que lo que has hecho no tenga valor.

Puede significar simplemente que nunca te has detenido a mirarlo todo junto.

El valor no siempre está en la pieza


Imagina (o reconoce) que has desarrollado durante años una forma propia de trabajar.

Esta forma de trabajar te sirve para ofrecer un servicio.

Al mismo tiempo, una parte del conocimiento que hay detrás la has compartido en diferentes contenidos. Algunos de estos contenidos han atraído a personas interesadas. Algunas han terminado contratándote.

Y, trabajando con ellas, has continuado perfeccionando tu forma de hacer.

Ahora piensa en todo ese recorrido.

Podrías mirar cada elemento por separado.

Un servicio, unos contenidos, una metodología, unos contactos…

Pero también puedes mirar lo que ocurre entre ellos.

La experiencia alimenta la metodología, la metodología da profundidad al servicio, el servicio genera nuevos aprendizajes, los contenidos hacen visible parte de ese conocimiento.

Y las personas que lleguen a través de estos contenidos pueden entrar en tu ecosistema profesional.

Aquí aparece algo que no ves cuando sólo miras las piezas: un proceso de acumulación de valor.

Una cosa alimenta a la otra. Y lo que construyes hoy puede hacer más valioso lo que ya habías construido ayer.

Ésta es una de las ideas que hay detrás del concepto de Patrimonio Digital.

No se trata simplemente de tener cosas digitales.

Se trata de construir algo propio que pueda conservar, conectar y desarrollar el valor que has ido acumulando.

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¿Pero cómo sabes qué tienes realmente?


Aquí aparece una dificultad.

Es muy fácil hacer una lista, pero entender lo que significa esta lista ya es más difícil.

Porque quizás tienes un recurso que ya nadie utiliza, una línea de contenido que podría dar mucho más de sí, una metodología que todavía depende completamente de ti, una herramienta que mantienes pero que no aporta mucho, una base de conocimiento que está dispersa, una oportunidad que todavía no has desarrollado, o una relación entre dos piezas que nunca habías considerado.

Por eso, mirar lo que tienes no consiste simplemente en enumerarlo.

Consiste en entender las relaciones, las dependencias y las posibilidades que existen dentro del conjunto.

Y esto es muy distinto.

Un inventario te dice lo que tienes. La lectura del conjunto te permite entender qué haces, qué no haces, y qué puedes hacer con lo que tienes.

Y aquí aparece el problema de las posibilidades


Cuando empiezas a ver todo lo acumulado, puede ocurrir algo inesperado. En lugar de tener menos opciones, tienes más.

Porque ahora puedes imaginar todo lo que podrías hacer con lo que ya existe:

  • Convertir una experiencia en una metodología.
  • Conectar dos piezas que hasta ahora funcionaban por separado.
  • Desarrollar un recurso.
  • Reformular una oferta.
  • Aprovechar mejor un conocimiento que ya tienes.
  • Eliminar algo que no aporta.
  • O construir una nueva pieza sobre una base que ya existe.

Y aquí es donde vuelve a aparecer la pregunta:

¿Qué hago ahora?

La diferencia es que ya no respondes desde el vacío.

No partes de: «¿Qué podría crear?»

Partes de: “¿Qué tiene sentido desarrollar a partir de lo que ya existe?”

Es una pregunta mucho más concreta. Y mucho más estratégica.

No necesitas menos posibilidades, sino mayor criterio.


Cuando tienes muchas cosas que podrías hacer, es tentador buscar una nueva fórmula que te diga cuál es la correcta. Pero quizás el problema no es encontrar una fórmula, sino entender mejor la situación en la que te encuentras.

  • ¿Qué has acumulado?
  • ¿Qué está funcionando?
  • ¿Qué tiene potencial?
  • ¿Qué está desconectado?
  • ¿Qué depende demasiado de ti?
  • ¿Qué podría crecer?
  • ¿Qué necesita refuerzo?
  • ¿Y qué, simplemente, puede esperar?

Ésta es la diferencia entre tener muchas opciones y tener capacidad para decidir.

Foco no significa tener menos posibilidades. Significa saber cuál merece tu atención ahora.

Y esto sólo es posible cuando dejas de mirar cada decisión como algo aislado y comienzas a entender el conjunto.

Antes de construir más, mira lo que ya has construido


Quizás tu próximo activo digital no sea una idea que todavía no has tenido.

Quizás está dentro de una experiencia que llevas años repitiendo.

Dentro de una metodología que todavía no has documentado.

Dentro de conocimiento que tienes disperso.

Dentro de algo que ya has creado pero todavía no has conectado con el resto.

O simplemente en una relación entre dos cosas que, hasta ahora, habías mirado por separado.

Por eso, antes de empezar un proyecto nuevo, quizás vale la pena hacer una pausa.

No por dejar de construir.

Para construir con mayor conciencia.

Detenerte.

Mirar.

Relacionar.

Entender.

Y después decidir.

Quizás no te falta tanto como pensabas, quizás lo que te falta es verlo

Y ésta es una conversación que acabamos de empezar.

Durante los próximos días, si quieres, te enviaré algunos correos para seguir explorando esta forma de mirar lo que ya estás construyendo.

Hablaremos del valor que puede estar pasando desapercibido, de las conexiones que quizás todavía no ves y de por qué, antes de construir más, puede ser necesario entender mejor el conjunto.

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